Virulazo: "que cuando me muera sea bailando un tango"
No sé si será la nostalgia, pero es cierto que estando lejos uno empieza a percibir y valorar con otra intensidad algunas cosas.
No creo en la imagen cliché del argentino acodado en la ventana de su piecita parisina tomando mate, escuchando un tango en la radio a pilas y comiendo dulce de leche a cucharadas mientras se le pianta un lagrimón. No porque yo no lo haga (lo del dulce de leche a cucharadas es una exageración, a lo sumo un alfajor havanna cada tanto), sino porque pienso que la lejanía no hace de uno un ser diferente. Si uno no escuchaba tango ni tomaba mate, dificilmente empiece a hacerlo por el solo hecho de viajar. Lo que sí hace la distancia es intensificar sentimientos ya existentes.
En mi caso, el tango es algo que me fascina desde hace unos cuantos años, mucho antes de mi venida a Paris. Con el tango descubrí un Buenos Aires totalmente diferente, un submundo laberíntico lleno de secretos, códigos y personajes.
Paris no hizo más que acentuar esa fascinación, e hizo que empezara a extrañar horriblemente la sabiduría porteña y la viveza criolla. Y ayer, en un site de milongueros que se la saben lunga (www.clubdetango.com.ar), encontré este retazo de la vida de un uno de los más grandes bailarines de tango de la historia, que me trajo un gustito a Buenos Aires, a asado de domingo, a zapatos lustrados y polvo en los cachetes.
Una cosquilla en el estómago como cuando estaba sentada en la milonga de Bs As cuidando que la pollera no se me arrugue y veía que « el » bailarín me hacía señas para sacarme a bailar. Y yo sabía que ese viejo panzón y pelado con su traje almidonado, estaba por hacerme emprender un viaje alucinante de tres minutos. Y me abandonaba, y me dejaba ir al compás del tango, sabiendo que ese abrazo tenía años y años de milonga y toda la viveza de milonguero detrás. Y el corazón me latía como nunca, se los puedo asegurar.
Lean esto, no tiene desperdicio :
Virulazo era un vasco enorme de casi dos metros con mas de cien kilos de peso, pero bailando era una pluma. Bailarín de los de antes, a pesar de su enorme humanidad y tambièn a pesar de que fumaba como un escuerzo y ultimamente le costaba bastante respirar. Bailaba liso, pegadiso al piso, lucièndose y haciendo lucir a su compañera Elvira.
Su verdadero nombre era Jorge Martín Orcaizaguirre. Había nacido el 10 de octbre de 1926 en Haedo.
Se inició profesionalmente en 1952 año en el que participò de un concurso de baile y , por supuesto, lo ganó entre 157 parejas.
Virulazo fue después de El Cachafaz, el bailarin mas renombrado. Ultimamente había recorrido el mundo con un espectáculo de tango, y se dedicó a dar clases.
Estaba en pleno éxito el show "Tango Argentino" en Nueva York. Habitaba un lujoso hotel en la Quinta avenida, y una mañana su vozarrón resonó en los pasillos, estaba enojado: «¡Diganlé a ese viejo maniático que si quiere tango a las diez de la mañana que lo baile él!... ¡Ah! si me quiere ver a mi que venga al teatro...»
Aquel viejo, que había asistido al estreno, removió cielo y tierra para que le organizaran una función especial para la mañana siguiente, y la bronca surgió cuando a Virulazo le dijeron que por razones de protocolo, la función especial debía ser ad-honorem. Y agregó a los gritos siempre: «¡Y diganlé que gratis no bailo para nadie!» Y así fue, aquel viejo era Henry Kissinger.
Por aquel entonces el bailarín tenía 61 años, 5 hijos y seis nietos.
El apodo Virulazo apareció cuando tenía 18 años y jugaba a las bochas por dinero en el fondo de los almacenes de su ciudad, San Justo (ciudad del suburbio de Buenos Aires).
«Los pocos pesos que ganaba mi abuelo en el ferrocarril no alcanzaban, lo ayudé haciendo de todo menos tres cosas: ser alcahuete, rastrero y trepador, los peores defectos que puede tener un hombre. Vendí de todo en la calle, lustré zapatos en las puertas de los quilombos (casas de tolerancia), vendí sandwiches de chorizo, compré pelo en Entre Ríos para traerlo a Buenos Aires y venderlo en las fábricas de pelucas. Después empecé de peón de matadero y terminé como capataz y comprador de hacienda.
« La bohemia es linda pero te cagás de hambre. »
«Cada gira son cinco o seis meses y para es un sufrimiento, es como estar "encanutado" en Alcatraz. Sufro lo peor que le puede pasar a un hombre, estar solo en la muchedumbre. En Japón me paraba en una esquina y me rodeaban doscientos millones de "ponjas", y no entendía un carajo lo que decían. Entraba en un restaurante, pedía un chorizo y me lo traían con miel, ¡una cosa de locos! Se morfan el pescado crudo como los indios ¡Dejame de joder! Nunca comí tanto pollo y tallarines como en Japón. Hay gente a la que le llamara la atención, pero a mi no. A mi me atrae un buen vino, un asado con los amigos, los jilgueritos que tengo en el fondo de mi casa. »
«En las giras, cuando no actúo, apolillo, no le doy bola a nadie, me llevo un pilón de libritos policiales y de cowboys y así estoy bien. Me jodían con Venecia ¿Pero qué es Venecia? El cementerio de la Chacarita inundado, y que me perdone la Chacarita. A mi me rompen los que por una cuestión de status o snobismo empiezan a los gritos ¡Ay, que bella es Venecia! Bella es la pampa donde podes ver los árboles, los animales, los colores del pasto en la inmensidad, y no una ciudad que se está hundiendo y que cada vez que pasa una góndola con un tano arriba deja una "baranda" que el Riachuelo, al lado de eso es lavanda Atkinson.
«Yo soy un sentimental, no sirvo para estar solo y menos sin una compañera como Elvira. Son 28 años de acostarse y levantarse juntos. Pero es más, porque somos amantes desde hace 44 años. Elvira fue mi primera novia, y por esa cosas de la vida no nos casamos. Cada uno hizo su vida y en 1959 yo ya estaba separado de mi primera mujer. Un día yo andaba arriba de un caballo allá por La Tablada y en eso veo pasar un colectivo con Elvira adentro, le hice señas para que bajara, pero nada, entonces fui galopando detrás del colectivo y al final se bajó porque si no la seguía hasta su casa. Conversamos y aquí estamos.»
«Travolta. Un mariconazo. Lo mismo ese Michel Jackson. Son cosas que no pasan a la historia. Eso no es baile, baile es Fred Astaire y Gene Kelly.»
«Música nueva argentina no escucho ni loco. Son pibes que están vacíos. En el tango uno siempre va a encontrar algo que refleje su vida. ¿Pero alguna vez a alguno se le cayó la novia en un pozo ciego? Eso dicen en una letra esos pibes. Será que ninguno tendrá historias para contar. La gente que se levanta a las seis de la mañana para laburar todo el día, no se la empaqueta. A ese gente hay que darles arte como les daba Gardel.»
Una anécdota: Estando reunido con Anthony Quinn en una fiesta, se le acercó una rubia y pidió bailar con él. Virulazo la complació, y despues le preguntó a A. Quinn "Quien era esa petisa???" (era Madonna…)
«En política nunca me metí, pero siempre voto por la democracia. En este país los militares y los curas son un cáncer... Ah, tengo una fantasía, que cuando me muera sea bailando un tango.»
(Reportaje del periodista Guillermo Alfieri publicado en el diario "Página 12" de Buenos Aires).